Miedo a la Recidiva-min

¿Y si vuelve el cáncer? Tengo miedo a la recaída (2)

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¿Cómo intervenir ante el miedo a la recidiva?

Abordaje general

Toda intervención psicosocial y, en particular, los tratamientos psicooncológicos en cáncer, tratan de establecer, tras 1-2 visitas, cuál va a ser el foco terapéutico. El miedo a la recaída suele ser un foco común en cáncer, pero normalmente ligado a problemas más generales de adaptación. Las intervenciones y posibles abordajes mencionados en este artículo están basados en dos protocolos publicados por Butow et al. (2017) y Ochoa et al. (2010) para el tratamiento psicooncológico de pacientes supervivientes de cáncer.

Aquí abordaremos el miedo a la recaída como si este fuera el principal problema psicooncológico, pero en general cualquier abordaje debería antes de focalizarse directamente en entender la experiencia en la enfermedad de forma más global, facilitando:

1. Articular la experiencia de “miedo a la recaída” en el contexto normal del proceso oncológico. Facilitar que la persona entienda que muchos de los síntomas del miedo a la recaída son respuestas normales a una situación anormal (el cáncer).

2. Buscar la función contextual (personal, biográfica, relacional) de este miedo.  En el caso de Rosa, que entienda que su carácter controlador y evitador de expresión emocional ha influido en que este miedo eclosionara al final de los tratamientos oncológicos, cuando ya no hay tanto control…. Que posibles muertes en su familia (biografía) han generado una mayor sensibilidad a esta enfermedad y que actualiza temores del pasado, o que la necesidad de proteger a su familia de esta enfermedad le atrapa y le quita libertad, aumentando su sensación de amenaza.

3. Explorar los posibles efectos colaterales positivos y de crecimiento personal del hecho de sentir amenazada la vida.  Sentir incertidumbre y amenaza por la vida o por poder mantener la forma de vida habitual tras una enfermedad, paradójicamente también ayuda a realizar una revisión vital intensa, cambiar prioridades, acercarse a seres queridos ya que se necesita más ayuda…

Por todo lo dicho anteriormente, el foco psicooncológico está más en lograr un buen manejo de la incertidumbre que en eliminarla. Esta más en facilitar la conciencia de la importancia y gravedad de lo vivido para valorar la realización de cambios vitales acordes que reequilibren la situación y aporten valor personal y relacional, que no en realizar un control sintomático de la reacción ansiosa o de malestar. Sin embargo, en casos donde exista muy poca regulación emocional (síntomas de ansiedad desbordante) es recomendable valorar intervenciones que comentaremos en adelante.

Abordaje en aspectos específicos

A continuación, elaboraremos de forma más detallada y técnica el abordaje, comentado en la tabla “Miedo a la Recidiva” de la primera parte de este artículo, de los aspectos que caracterizan un miedo a la recaída problemático:

1. Niveles altos de preocupación, pensamientos intrusivos o rumiativos

¿QUÉ ES?

Ocurre cuando se presentan pensamientos angustiosos que se retroalimentan en forma de espiral creciente y que pueden aparecer en momentos en los que estáis haciendo algo que no tiene relación con la enfermedad (pensamiento intruso). Te ocupan mucho tiempo y te interfieren de forma marcada la vida cotidiana.

¿CÓMO SE PRODUCE?

Los pensamientos recurrentes acerca de la enfermedad y aquellos anticipatorios en relación a la evolución de ésta, suelen tener la función de intentar comprender y asimilar la experiencia, y de prepararse para posibles amenazas. Es natural tener estos pensamientos, pero muchas veces su carácter intrusivo, persistente en el tiempo, y agobiante, en vez de ayudar a dotar a la experiencia de sentido, nos desconectan de nuestra vida y hacen sufrir excesivamente. Saturan nuestro mundo mental y son “poco útiles o productivos”. A veces el temor a la recidiva se alimenta de una voluntad de “permanecer fuerte” impostada. Ya sea por miedo a “no recuperarme si me caigo”, por “no preocupar a los míos” o “por no romper una imagen e identidad hacia los otros y a mí mismo de ser alguien capaz y fuerte”. Una creencia muy común suele ser la idea de que el angustiarse podría tener un impacto negativo sobre la propia salud. Por ejemplo: “debo mantenerme bien anímicamente, de lo contrario enfermaré”. La teoría implícita de que el malestar emocional normal pueda alimentar el cáncer, aunque sin base científica sólida, afecta a muchas personas

¿QUÉ PUEDO HACER?

Una forma de limitar la interferencia que estos pensamientos generan, es trabajar con lo que llamamos “Aplazamiento de preocupaciones”. Se trata de pautar una cierta cantidad de tiempo al día para abordar estas preocupaciones, dedicándoles toda vuestra atención durante ese período de tiempo. Finalizado este tiempo dedicado a las preocupaciones, es importante que centréis vuestra atención hacia a otras cosas. Si los pensamientos intrusivos aparecen fuera del horario planificado, puedes tratar de aplazar ese pensamiento al espacio reservado a ocuparse de ellos. El recurrir a personas de vuestra confianza para poner estos miedos en palabras, tener el apoyo y alivio de alguien que os escucha, también puede ser de gran ayuda para interrumpir el ciclo del pensamiento en espiral y para dotar de sentido relacional lo vivido. Además de que facilita tener un apoyo familiar y social más implicado.

2. Afrontamiento desadaptativo e interferencia funcional en la vida cotidiana

2.1. Atención excesiva puesta sobre el cuerpo, búsqueda indiscriminada de información acerca de la enfermedad o de medidas de salud

¿QUÉ ES?

La hipervigilancia y monitorización corporal (estar constantemente pendiente de las cosas que le ocurren a vuestro cuerpo y comprobarlo), el confundir sensaciones físicas benignas con posibles indicadores de una recidiva, y las búsquedas indiscriminadas de información (por internet, o en foros, etc.) que pueden retroalimentar pensamientos anticipatorios y emociones negativas relacionadas con la enfermedad.

¿CÓMO SE PRODUCE?

La hipervigilancia y comprobación corporal, la búsqueda constante y  el contraste de información de fuentes muy diversas que no tranquilizan, el adoptar estilos de vida aparentemente saludables pero vividos con mucha rigidez y casi como si uno se estuviera medicando… Todas estas y otras conductas marcan que la persona está buscando una necesitada seguridad rota a través del “control excesivo”. En estos casos el control calma a corto plazo pero obliga a un nivel de activación y de alarma que claramente mantiene de forma disfuncional el miedo. Lo interesante es conseguir una percepción de control “no limitante” donde la implicación en la salud surja del deseo de encontrase bien y no de controlar la aparición del cáncer.

¿QUÉ PUEDO HACER?

Intenta construir una confianza básica con tu equipo sanitario. Comparte tus inquietudes y dificultades y muestra tu voluntad de contribuir en la mejora de tu salud. También, comprométete y construye tu propia forma de cuidarte, conjugando que te dé seguridad y mayor implicación, pero asumiendo que no podrás controlar “todo en tu cáncer”. La búsqueda de información sanitaria, contrastada y apropiada a tu situación, te puede orientar a adoptar conductas de autocuidado que no sean ni excesivas, ni evitativas. El saber qué puede ser esperable, y qué no, te orienta respecto a cuándo consultar a tu oncólogo. La inclusión de cambios de hábitos que beneficien la salud puede ser útil siempre y cuando estos se encuentren en sintonía con vosotros, os aporten bienestar, y no conviertan al cuerpo en un campo de batalla contra el cáncer ni te culpes excesivamente por no cumplirlos.

2.2. Interferencia en el ámbito relacional (familiar, social, de pareja)

¿QUÉ ES?

Otro indicador suele ser el limitar significativamente el contacto social por evitar hablar de la enfermedad para prevenir que el miedo reaparezca, o restringir vuestra participación en circunstancias que en otra situación hubieseis elegido (por ej. acompañar a amigos o familiares en una situación difícil).

¿CÓMO SE PRODUCE?

Muchas veces el miedo a la recidiva lleva a realizar elevados esfuerzos por evitar hablar del propio miedo o del malestar a la recidiva. “Si lo hablo, lo reconozco, lo hago real” Algunos pensamientos frecuentes suelen ser: “los malos pensamientos pueden hacer que sucedan cosas malas” (superstición), o “si no controlo un pensamiento preocupante y luego sucede, será mi culpa”. Si habéis limitado la expresión de miedos y emociones negativas durante el proceso, al finalizar los tratamientos activos es posible que sintáis mayores dificultades para expresaros. En estos casos, muchas veces el pensamiento suele ser: “Si antes no dije nada, ahora que las cosas parecen ir bien y que todos vuelven a la normalidad, menos me podrán entender. Me dirán que me centre en lo bueno, que ya todo ha pasado.”

¿QUÉ PUEDO HACER?

En todos los casos comentados, el poner en palabras los sentimientos experimentados o los pensamientos que forman parte de tu día a día puede ayudar a que te sientas menos aislado e incomprendido, y que quienes te rodean estén más cerca de entender por lo que estás pasando, de conocer tus necesidades actuales, e incluso de poder acompañarte mejor. Frente a la creencia de que experimentar emociones negativas perjudicará tu salud, es importante aclarar que no existe evidencia que confirme que los sentimientos de tristeza, enojo, frustración, entre otros, puedan provocar mayor cantidad de recaídas o una peor evolución de la enfermedad.

3. Malestar emocional significativo

¿QUÉ ES?

Puede incluir emociones de irritabilidad, tristeza, apatía, indefensión, sintomatología psicofísica de ansiedad (inquietud, palpitaciones, taquicardias, insomnio, preocupación constante, dificultades atencionales, etc.), o la sensación de que este miedo inunda vuestra vida en general.

¿CÓMO SE PRODUCE?

Todos estos sentimientos, que son la base del miedo a la recidiva, indican básicamente que tu mundo ha cambiado de forma no deseada. Eso genera un malestar natural que indica la necesidad de elaborar lo vivido (asimilar y cambiar cosas). La mayor parte de gente de forma progresiva asimila lo vivido y el malestar se va reduciendo de forma significativa pero hay casos donde es tan elevado, se mantiene tanto en el tiempo y afecta tanto que pueden necesitarse aprender formas de regulación emocional.

¿QUÉ PUEDO HACER?

Algunas técnicas sugeridas para manejar, regular y reducir la activación emocional del malestar son:

Ψ- Auto-instrucciones tranquilizadoras utilizando declaraciones positivas.

Ψ- Técnicas de relajación.

Ψ- Técnicas contemplativas como el Mindfulness.

4. Dificultades para planificar el futuro

¿QUÉ ES?

El miedo a la recidiva pone su amenaza mayor en lo que vendrá y eso genera: Incapacidad de tomar decisiones, de proyectarse al futuro, desilusión o angustia por todo lo que implica mirar más adelante en la vida…

¿CÓMO SE PRODUCE?

El miedo a la recidiva anticipa un futuro negro y de sufrimiento casi siempre. Como que esto genera angustia y dolor, muchas personas de forma casi inconsciente bloquean su proyección al futuro. Sienten que no pueden o no quieren mirar más allá… “El futuro queda bloqueado”. La consecuencia de un futuro “bloqueado” no es sólo evitar o regatear el malestar emocional que genera sino que también las ilusiones, deseos y proyectos de futuro quedan aparcados.

¿QUÉ PUEDO HACER?

Las intervenciones psicológicas en estos casos se centran en Trabajar con escenarios futuros abordables que contemplen los miedos que se temen: sufrir, morir…

Estas conversaciones son difíciles, pero facilitan que se realice el proceso emocional del miedo a la recaída para que este cumpla su función adaptativa: “Indicarnos y prepararnos para los hechos importantes que amenazan la vida”. Aquí, lo difícil es decidir cuándo es el momento oportuno para hablar de qué pasaría si vuelve la enfermedad, pero algunas preguntas útiles son: –Si el cáncer reapareciera, ¿cómo creéis que lo afrontaríais? ¿Cómo enfrentasteis la enfermedad en el pasado?

Para responder estas preguntas, es importante identificar experiencias autobiográficas de logro: situaciones de dificultad, donde hubieseis sentido que os encontrabais frente a algo desconocido, difícil de superar, para lo cual no creíais tener recursos, y que luego obtuvierais un resultado mucho más satisfactorio de lo que hubieseis creído, sorprendiéndoos incluso, por lo bien que lo llevasteis adelante. Es importante identificar qué herramientas, fortalezas, conocimientos y personas hicieron posible que pudierais sobrepasar aquellas situaciones, y reconocer la posibilidad de utilizarlas en el futuro, de requerirlo. Conocer el miedo, lejos de desmoronaros anímicamente, puede ser de ayuda. Acercarse a él, requiere de un esfuerzo emocional significativo pero os permitirá vivenciarlo como algo menos masivo, más concreto, conocido y accesible.

¿Qué significa el miedo a la recidiva y cuáles son sus implicaciones en vuestro caso particular? Los significados son variables, personales, y todos igualmente legítimos: miedo a volver a pasar por el tratamiento, a una mayor dependencia, al sufrimiento propio o ajeno, a la muerte, a dejar a personas atrás, a perder aquello a lo que sentís afecto. Ya conociendo lo que os supone, se hace posible pensar qué es lo que ahora y en el futuro podríais decidir al respecto.

Aunque resulte paradójico, tras la enfermedad y el abordaje del miedo a la recaída, puede haber cambios positivos.

“Después de pasar por la enfermedad, noté que algunas cosas que siempre me habían importado, ya no ocupaban tanto tiempo de mi cabeza. Elegía pasar mis días de otro modo, dedicarle tiempo y atención a gente y cosas que antes no lograba valorar o disfrutar. Esto es algo que me gustaría conservar”.

Muchos de nuestros pacientes comentan que su experiencia les hizo descubrir fortalezas y capacidades que no creían tener, sentirse agradecidos y cercanos a las personas que respondieron bien durante la enfermedad, tener mayor capacidad para profundizar en sus relaciones personales y aspectos existenciales de la vida, cambiar o reordenar prioridades de su vida, así como también apreciarla más de lo que lo hacían en el pasado.

La percepción de amenaza y vulnerabilidad muchas veces resalta la importancia que el tiempo y lo que se hace con él tiene para la mayoría de las personas. Ahora que se toma mayor conciencia de ello, ¿qué se vuelve importante hacer para cada uno?…

Es posible proponerse metas (actividades, decisiones, cambios) basadas en valores personales, utilizando el miedo como un motor para impulsar aquellas cosas que ahora cobran más importancia. En la leyenda griega, Damocles experimenta ese mismo impulso del siguiente modo:

“Al salir del palacio, con el paso cada vez más firme, corriendo, y hasta casi volando, lo único que deseaba era abrazar a su sencilla esposa y valorar su interioridad. Lo mismo pensaba hacer con su hijo…”

 

Parece que aquella sensación de estar expuesto a una amenaza constante, puede promover lo que llamamos cambios vitales positivos o crecimiento post-traumático en cáncer.

Si quieres leer la primera parte de este artículo, aquí lo tienes:

¿Cómo entender el miedo a la recaída?

ψ Referencias bibliográficas del artículo

Butow, P., Turner, J., Gilchrist, J., Sharpe, L.; Smith, A., Fardell, J., Tesson, S., O´Connell, R., Girgis, A., Gebski, V., Aher, R., Mihalopoulos, C., Bell, M., Grunewald, K., Beith, J., Thewes, B. (2017). Randomized trial of Conquer Fear: A novel theoretically based psychosocial intervention for fear of cancer recurrence. Journal of Clinical Oncology, 35, 4066-4077.

 

Ochoa, C., Sumalla, E., Maté, J., Castejón, V., Rodríguez, A., Blanco, I. y Gil, F. (2010). Psicoterapia positiva grupal en cáncer. Hacia una atención psicosocial integral del superviviente de cáncer. Psicooncología, 7(1), 7-34.

foto Alejandra Arizu scan

Alejandra Arizu

Licenciada en Psicología

Residente en Psicología Clínica, 3r año

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Dr. Cristian Ochoa

Psicólogo Clínico

Director del Proyecto PsicooncologíaOnline

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